Bienvenidos al Ciclo 2021

martes, 2 de febrero de 2021


“Con San José, custodios de la vida”


Querida Comunidad Educativa del Valle

 

Iniciamos el ciclo 2021 y renovamos las esperanzas de seguir acompañando la vida desde el encuentro entre estudiantes, docentes, familias y todos los que hacemos la Comunidad del Parroquial. 

 

Los desafíos del año pasado nos han enseñado que todos necesitamos seguir aprendiendo. Lo compartido nos hizo mirar especialmente el tesoro más valioso de la Comunidad educativa que son nuestros estudiantes y, en torno a ellos, docentes y personal en general fuimos incorporando, ejercitando y corrigiendo nuestras propuestas para ir respondiendo de la mejor manera posible. También las familias, con compromiso y generosidad, sostuvieron, según las posibilidades, a cada estudiante en sus actividades y, felizmente, concluimos el año tan cansados como satisfechos de saber que en nuestra Comunidad del Valle nuestros alumnos pudieron, en mayor o menor medida, permanecer vinculados.

 

Vivamos este nuevo ciclo lectivo con la misma creatividad, sabiendo que nos traerá otros desafíos. Todos necesitamos volver a las aulas, y sabemos que nos comprenderá el empeño de cada uno para  hacerlo posible, y cuidándonos de manera integral. 

 

Felizmente el Papa ha declarado el 2021, el año de San José, y nos proponemos como lema “Con San José, custodios de la vida”, con todas las implicancias que tiene, la salud física, mental, espiritual; el cuidado de la naturaleza; los vínculos; la vida por nacer; la de nuestros ancianos y tantas otras expresiones de la vida. 

 

Cito unos párrafos de la carta Apostólica del Papa Francisco con la que convoca a este año y nos podemos dejar inspirar

Debemos preguntarnos siempre si estamos protegiendo con todas nuestras fuerzas a Jesús y María, que están misteriosamente confiados a nuestra responsabilidad, a nuestro cuidado, a nuestra custodia. El Hijo del Todopoderoso viene al mundo asumiendo una condición de gran debilidad. Necesita de José para ser defendido, protegido, cuidado, criado. Dios confía en este hombre, del mismo modo que lo hace María, que encuentra en José no sólo al que quiere salvar su vida, sino al que siempre velará por ella y por el Niño. En este sentido, san José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su madre.

 

Este Niño es el que dirá: «Les aseguro que siempre que ustedes lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40). Así, cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo son “el Niño” que José sigue custodiando. Por eso se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos. Y es por lo mismo que la Iglesia no puede dejar de amar a los más pequeños, porque Jesús ha puesto en ellos su preferencia, se identifica personalmente con ellos. De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre.

Cada uno de nosotros tiene una gran similitud con San José, en cuanto que se nos ha confiado la custodia de la vida, y desde lo oculto de las aulas, y también en la virtualidad, los docentes acompañan por años las nuevas generaciones, tantos estudiantes son discretamente amigos leales, buenos compañeros, una mano tendida que integra… en los recreos, trabajos en grupo, con quien se sienta al lado o comparte sus talentos; y la mayoría de las familias que se esfuerzan desde lo imperceptible hasta lo inimaginable para custodiar el bien integral de sus hijos. 

A José de Nazaret, encomendamos este año para seguir custodiando la vida que se nos confía. 

Dios los bendiga.                                                                                


P. Juan Martínez





La educación humaniza y personaliza al ser humano cuando logra que éste desarrolle
plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de comprensión
y en iniciativas de comunión con la totalidad del orden real.
Capítulo 6 apartado 330. Documento de Aparecida.